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Espiritualidad Domus Mariae

LA ESPIRITUALIDAD DE DOMUS MARIAE EN EL MAGISTERIO ACTUAL 

Todos sabemos que las dos columnas de nuestro carisma son éstas:

 

  • El llevar a María a nuestra casa
  • El hablar en nuestra casa con el mismo Dios, con Jesucristo, Dios y hombre. Este segundo punto le desarrollamos leyendo la Palabra de Dios todos los días y esforzándonos por llevarla a nuestra vida.

 

 

Los dos puntos están en la Revelación. Jesucristo desde la cruz nos lo pidió y recogió este testamento, en nombre de toda la humanidad, el discípulo y evangelista, San Juan. El segundo punto relativo a la lectura de la Palabra de Dios también está en la revelación. Recordemos la respuesta de Jesús a aquella mujer que le dijo que su madre era bienaventurada por haber sido su madre. Él contestó: "Más bien bienaventurados los que escuchan la Palabra de Dios y la cumplen". O cuando contestó a aquellos que le dijeron que le estaban esperando su madre y sus hermanos. "Mi madre y mis hermanos son aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica". Son mi made y mis hermanos, conviven conmigo.

Ante esta realidad, no necesitaríamos que los Papas nos dijeran lo que nos han dicho pues nuestro carisma está fundado en la Revelación. Pero el hecho de que se estén pronunciando sobre estos dos puntos los Papas, indica que quieren que la Iglesia desarrolle estas dos verdades viviéndolas de modo especial y la vivan todos los fieles. Esto ha ocurrido también con otros puntos de doctrina revelada. En la Revelación está el amor al prójimo, pero nunca la Iglesia ha insistido tanto en este amor como en los tiempos que estamos viviendo. Buen ejemplo de ello es la Encíclica "Dios es Amor".

Y paso a exponer lo que los dos últimos Papas nos han dicho sobre los dos puntos fundamentales de nuestro carisma.

LLEVAR A MARÍA A NUESTRA CASA.

a).- Pasamos a exponer el primer punto: todos los cristianos debemos llevar a María a nuestra casa. De esto nos ha hablado el Papa. Juan Pablo II, que en varias ocasiones se dirigió a los sacerdotes del mundo entero urgiéndoles esta necesidad.

El día de Jueves Santo de 1988. Concreta que el Apóstol San Juan "representaba a todos los hombres y a todas las mujeres" cuando recibió este encargo de Jesús en la cruz. Y volvía el Papa sobre este punto dirigiéndose a un grupo de sacerdotes en un encuentro organizado por el Movimiento de Focolares. Esto fue el 26 de Mayo de 1988. Por tercera vez lo hizo, el 1 de Febrero de 1990 refiriéndose al próximo Sínodo de Obispos que iba a afrontar el tema de la formación sacerdotal y se tocaba el sentido de la "presencia de María en la vida del sacerdote". Todavía una cuarta vez, en 30 de Junio de 1993, en una catequesis sobre el Presbiterado y los Presbíteros. Y concreta lo que hemos de entender por "llevar a María a nuestra casa", con esta palabras:

"Para todo sacerdote, llevar a María a nuestra casa significa hacerle un puesto en la propia vida, permaneciendo en unión habitual con ella en los pensamientos, en los afectos, en el celo por el reino de Dios y por su mismo culto".

Así decimos nosotros que hemos de hacer de nuestro corazón una Casa de María.

b). La Jerarquía eclesiástica al menos de esta Archidiócesis de Madrid, también ha tocado este punto, como ya os he expuesto otras veces. Así el Cardenal Suquía el año 1988, el día de la Almudena, decía:

"En esta fiesta de hoy, nuestra Diócesis se convierte en la casa de Juan que acoge a la Madre del Salvador. Se nos invita a acogerla como Madre."

El Papa, entonces le enviaba un telegrama en el que le decía:

"Os exhorto a recibir a María como Madre en vuestro propios hogares" .

Y en esta misma fiesta de la Almudena, decía el Cardenal Suquía "Que le preocupaba esta casa de María, pero le preocupaba más que cada cristiano hiciera de su corazón una "Casa de María".

También el Cardenal Rouco Varela tocó este punto en el día de la festividad de la Virgen de la Almudena el año 2005. Y manifestaba la conexión que se da entre llevar a María a nuestra casa y la lectura de la Palabra de Dios:

"La voluntad de recibirla en "nuestra casa" implica, además, el acudir a ella para que nos enseñe de la Palabra de su Hijo, la Palabra hecha carne en su seno, con la debida humildad y sencillez de corazón, a fin de que el don de la fe reverdezca de nuevo en nuestras vidas y la de nuestras familias"  .

Y recordaba el Cardenal lo que el Papa dijo a los jóvenes en Cuatro Vientos el 3 de Mayo de 2003: "Queridos jóvenes, os invito a formar parte de la "Escuela de María". "Acoger a María en nuestra casa —decía el Cardenal—, supone dejarla entrar en nuestra intimidad con "su Escuela", "la Escuela de María". Acogiendo a María en nuestra casa, entramos en esa "Escuela de María".

San Agustín ya expuso esta doctrina en estos términos: "Edifica en tu corazón una casa a la que pueda venir Cristo a enseñarte ya conversar contigo". Nuestro corazón será una casa de María donde pueda venir Cristo, como iba a la casa de María, su madre.

LA LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS.

Pasamos ahora a la exposición del otro punto que entra en nuestro carisma, el de la lectura de la Palabra de Dios. No me extiendo en daros ahora lo que han dicho los santos Padres sobre la lectura de la Palabra de Dios. Os lo he dado en otras ocasiones y lo tenéis en el folleto que editamos ya hace años. Tampoco lo que ha dicho el Concilio Vaticano II, por el mismo motivo. Me limito a exponer lo que nos han dicho los Papas Juan Pablo II y Benedicto XVI. Sí digo que este movimiento de la lectura de la Palabra de Dios ya lo impulsa el Vaticano II: "El sagrado Concilio exhorta igualmente a todos los fieles, señaladamente a los religiosos, vehementemente y ahincadamente a que, por la frecuente lectura de las Escrituras divinas aprendan la ciencia divina de Cristo" (Fil 3,8) (D.V., n. 25).

a).- Juan Pablo II.

En el discurso a los Obispos de los Países Bajos el 11 de Enero de 1988 les decía: "Animad a las familias a que tengan momentos de oración en común y de común lectura de las Sagradas Escrituras".

En el mensaje a los Padres sinodales, el 30 de Octubre de 1987 insistía varias veces en la necesidad de que los laicos estudien la Palabra de Dios: "Exhortamos a los fieles laicos a participar intensamente en la vida de sus parroquias en el estudio de la Palabra de Dios".

A los fieles de Haití les decía el 13 de Octubre de 1992: “Bajo la dirección de vuestros pastores, os exhorto a dar prueba de un impulso nuevo para acoger y conocer mejor la Palabra de Dios, con el fin de que ella sea vuestra regla de vida" (A los Obispos y fieles de Haití, el 13 de Octubre de 1992; en Ecc1esia, n 2.605, p. 1.701)..

En 1993, en su visita a España, nos llamaba a la lectura diaria de la Palabra de Dios y a vivirla:

"El objetivo de Evangelización no es otro que éste: acoger la Palabra de Cristo en la fe, seguirla en la vida de cada día, hacer de ella pauta inspiradora de nuestra conducta individual, familiar, social y pública"  (Homilía del 14 de Junio de 1993).

Estas palabras del Papa están recogidos en los Estatutos de Domus Maríae, de modo que las queremos hacer compromiso nuestro.

En la Audiencia general del 2 de Junio de 1993, en la catequesis sobre el Presbítero, hombre de oración, recordaba el Pontífice a los sacerdotes el Sínodo de Obispos de 1971, que decía: Los Presbíteros deberán entregarse a la contemplación de la Palabra de Dios y aprovechar la oportunidad de la misma todos los días para juzgar los acontecimientos de la vida a la luz del Evangelio"(Ecclesia, 13 de Julio de 1993, n. 2.639, p.1.012).

b ).- Benedicto XVI.

La primavera bíblica.

Y pasamos a lo que nos ha dicho el Papa, Benedicto XVI. En el Ángelus del Domingo 6 de Noviembre de 2005, nos decía:

"La Iglesia no vive de sí misma sino del Evangelio y del Evangelio saca siempre la orientación para su camino. La Constitución conciliar Dei Verbum imprimió un intenso impulso a la valoración de la Palabra de Dios, de la que ha derivado una profundización de la vida de la comunidad eclesial, sobre todo en la predicación, en la catequesis, en la teología en la espiritualidad y en las relaciones ecuménicas. La Palabra de Dios, por la acción del Espíritu Santo, guía a los creyentes a la plenitud de la verdad  (cf. Jn 16,13). Entre los múltiples frutos de esa primavera bíblica quiero mencionar la antigua práctica de la «lectio divina», o lectura espiritual de la Sagrada Escritura. Consiste en meditar ampliamente sobre un texto bíblico, leyéndolo y volviéndolo a leer, «rumiándolo», como escriben los Padres, y exprimiendo todo su «jugo» para que alimente la meditación y la contemplación y llegue a irrigar como la savia la vida concreta. Como condición, la lectio divina requiere que la mente y el corazón estén iluminados por el Espíritu Santo, es decir, por el mismo inspirador de las Escrituras, y ponerse, en actitud de «religiosa escucha».

Testimonia el Papa que el impulso que dio a la lectura de la Palabra de Dios el Vaticano II, ha traído a la Iglesia una primavera bíblica , que ya ha dado frutos en la renovación en la catequesis, en la predicación, en la teología, en la espiritualidad y en las relaciones ecuménicas (Ángelus del Domingo 6 de Noviembre de 2.005. Tomado de Ecclesia, n.3.284, de 19 de Noviembre de 2.005, p. 24). No cabe duda que se está produciendo en la Iglesia una primavera espiritual. Cada vez son más los fieles que leen a diario la Palabra de Dios. Cuando esta práctica entre en mayor número de hogares cristianos, llegará la plenitud de esa primavera.

Y aquí tenemos nuestro campo los miembros de Domus Mariae. Se nos ha confiado un carisma que tenemos si explotar todavía su producción. Nuestro cometido ahora es conseguir que la Palabra de Dios se lea en más hogares cristianos. No pongamos tanto empeño en que asistan a nuestros grupos. Si esto no se puede conseguir tan fácilmente, consigamos que lean en sus casas la Palabra de Dios. Un día Dios nos pedirá cuentas de lo que hemos producido con los talentos que nos dio.

María en la Anunciación.

El Papa, a la conclusión de los Ejercicios Espirituales de la Curia Romana, el 11 de Marzo de 2.006, hacía esta reflexión sobre el cuadro de la Anunciación del Ángel a la Virgen:

"En todos estos días mi mirada se ha dirigido necesariamente a esta representación del anuncio de Maria. Lo que me ha fascinado ha sido esto: El Arcángel Gabriel tiene en su mano un rollo, que pienso que será el símbolo de la Escritura, de la Palabra de Dios. Y María está de rodillas en el interior del rollo. María está en el rollo, es decir, vive en la Palabra de Dios, con toda su existencia vive dentro de la Palabra de Dios. Está como impregnada por la Palabra. Así todo su pensamiento, su voluntad, su actuar están impregnados y formados por la Palabra. Al hablar ella misma en la Palabra, puede convertirse también en la nueva «Morada» de la Palabra en el mundo"

Es una bella descripción de cómo María escuchó la Palabra de Dios que le traía el Ángel. Y debe servimos de ejemplo de cómo hemos de hacer nosotros la lectura de la Palabra de Dios. Vivir dentro de la Palabra. Estar impregnados de la Palabra. Con toda nuestra existencia dentro de la Palabra, de modo que estén impregnados por la Palabra nuestro pensamiento, nuestra voluntad. Estén como formados por la Palabra. El Papa se detiene y reflexiona sobre un cuadro de la Anunciación para hacemos ver que cuando nosotros hacemos la lectura de la Palabra de Dios, hemos de tener a María como ejemplo en el momento de la Anunciación.

Lo dice el mismo Papa a continuación:

"Este camino mariano nos llama a ser insertados en la Palabra de Dios, y a colocar nuestra vida dentro de la Palabra de Dios y así dejar impregnar nuestro ser de esta Palabra, para que podamos ser después testigos de la Palabra viviente, de Cristo mismo en nuestro tiempo"  (Discurso de Benedicto XVI a la conclusión de las Ejercicios Espirituales de la Curia Romana, el 11 de Marzo de 2006. En Ecclesia, n. 3.202, de 25 de Marzo de 2006).

La Palabra de Dios joya preciosa custodiada por la Iglesia.

Donde el Papa Benedicto XVI nos habla con mayor insistencia en la lectura de la Palabra de Dios es en el mensaje a los jóvenes del mundo con ocasión de la XXI Jornada Mundial de la Juventud, el 9 de Abril de 2006, Domingo de Ramos. Hace un elogio de la Palabra de Dios al decirles:

"Los Apóstoles acogieron la Palabra de salvación y la trasmitieron a sus sucesores como una joya preciosa custodiada en el cofre seguro de la Iglesia: sin la Iglesia esta perla corre el riesgo de perderse o hacerse añicos" .

Y a les había señalado como lema a tener y vivir este año, el contenido en el versículo 105 del salmo 118: "Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero".

Y a continuación les invita a amar la Palabra de Dios con estas palabras:

"Queridos jóvenes, amad la Palabra de Dios y amad a la Iglesia, que os permite acceder a un tesoro de un valor tan grande introduciéndoos a apreciar su riqueza."

Lectura frecuente de la Palabra de Dios.

Expresamente el Papa invita a los jóvenes a leer frecuentemente la Palabra de Dios:

"Queridos jóvenes meditad a menudo la Palabra de Dios, y dejad que el Espíritu Santo sea vuestro maestro. Descubriréis entonces que el pensar de Dios no es el de los hombres; seréis llevados a contemplar al Dios verdadero y a leer los acontecimientos de la Historia con sus ojos; gustaréis en plenitud la alegría que nace de la verdad. En el camino de la vida, que no es fácil ni está exento de insidias, podréis encontrar dificultades y sufrimientos y a veces tendréis la tentación de exclamar con el salmista:"humillado en exceso estoy"  (Sal 118 (119), v.107). No os olvidéis de añadir junto a el Señor "dame la vida conforme a tu Palabra... Mi vida está siempre en peligro, mas no olvido tu ley" (ibid.vv. 107-109). La presencia amorosa de Dios, a través de su Palabra, es antorcha que disipa las tinieblas del miedo e ilumina el camino, también en los momentos más difíciles".

La presencia de Dios a través de su Palabra.

Aquí el Papa toca un punto que nosotros cultivamos como algo fundamental en nuestro carisma: Tener presencia de Dios a través de su palabra "Presencia amorosa de Dios a través de su Palabra". Y dice de esta presencia amorosa de Dios a través de su Palabra que "Es antorcha que disipa las tinieblas del miedo e ilumina el camino, también en los momentos más difíciles." Creo que todos nosotros hemos comprobado esta realidad. ¡Cuántas veces el recordar la Palabra de Dios del día nos ha ayudado a superar momentos difíciles¡

La Palabra de Dios arma indispensable en la lucha espiritual.

Expresamente dice que Papa que la Palabra de Dios es como un "arma" "indispensable en la lucha espiritual; ésta actúa eficazmente y “da fruto si aprendemos a escucharla para obedecerla después”.

Aquí podemos recordar las tentaciones de Jesús, cómo venció las tres tentaciones acudiendo a la Palabra de Dios. También podemos recordar el texto de San Pablo en Efesios 6, 17 donde dice que la Palabra de Dios es como la espada que tenemos que usar en la lucha contra el maligno. El Papa recuerda el texto de la carta a los Hebreos: "Es viva la Palabra de Dios y eficaz y más cortante que espada alguna de doble filo. Penetra hasta las fronteras del alma y el espíritu, hasta las junturas y médulas; y escruta los sentimientos del corazón" (Hb 4,12).

La Palabra de Dios brújula del camino a seguir.

Les insiste el Papa a los jóvenes en tener intimidad con la Biblia y a tenerla siempre a mano para que sea brújula del camino a seguir:

"Queridos jóvenes, os exhorto a adquirir intimidad con la Biblia, a tenerla a mano, para que sea para vosotros como una brújula que indica el camino a seguir".

La lectura de la Palabra de Dios verdadero y apropiado itinerario espiritual en etapas.

El Papa desciende a enseñarles a los jóvenes cómo han de hacer la lectura de la Palabra de Dios para que sea verdadero y apropiado itinerario espiritual:

"Una vía muy probada para profundizar y gustar la Palabra de Dios es la «lectio divina», que constituye un verdadero y apropiado itinerario espiritual en etapas. De la «lectio» que consiste en leer y volver a leer un pasaje de la Sagrada Escritura tomando los elementos principales, se pasa a la «meditatio» que es como una parada interior, en la que el alma se dirige hacia Dios intentando comprender lo que su Palabra dice hoy para la vida concreta. A continuación sigue la «oratio», que hace que nos entreguemos a Dios en el coloquio directo, y finalmente se llega a la «contemplatio», que nos ayuda a mantener el corazón atento a la presencia de Cristo, cuya palabra es  «lámpara que luce en lugar oscuro hasta que despunte el día y se levante en vuestros corazones el lucero de la mañana» (2 Pe 1,19).

La lectura, el estudio y la meditación de la Palabra tienen que desembocar después en una vida de coherente adhesión a Cristo y a su doctrina".

La lectura de la Palabra de Dios exige ponerla en práctica.

Este punto, que para nosotros es vital en nuestro carisma, también le toca el Papa en su alocución a los jóvenes:

"Advierte el apóstol Santiago: «Pero tenéis que poner la Palabra en práctica y no solo escucharla engañándoos a vosotros mismos. Porque quien se contenta con oír la Palabra sin ponerla en práctica, es como un hombre que contempla la figura de su rostro en un espejo: se mira, se va e inmediatamente se olvida de cómo era. En cambio, quien considera atentamente la ley perfecta de la libertad y persevera en ella, no como quien la oye y luego se olvida, sino como quien la pone por obra, ése será bienaventurado al llevarla a la práctica» (St 1,22-25)”.

Y el Papa cita también el texto del mismo Jesucristo que tantas veces nosotros hemos comentado sobre el que edifica sobre arena y el que edifica sobre roca:

"Quien escucha la Palabra de Dios y se remite siempre a ella pone su propia existencia sobre un sólido fundamento: «Todo el que oiga estas palabras mías y las ponga en práctica -dice Jesús- será como el hombre prudente que edificó su casa sobre roca» (Mt 7,24): no cederá a las inclemencias del tiempo".

Programa que propone el Papa a los jóvenes en cuanto a la Palabra de Dios.

El Papa invita a los jóvenes a que acojan con alegría la Palabra de Dios y la lleven a la práctica y que éste sea programa de vida y espera que las nuevas generaciones acepten este reto:

"Construir la vida sobre Cristo, acogiendo con alegría la Palabra y poniendo en práctica la doctrina: ¡he aquí, jóvenes del tercer milenio, cuál debe ser vuestro programa! Es urgente que surja una nueva generación de apóstoles enraizados en la Palabra de Cristo, capaces de responder a los desafíos de nuestro tiempo y dispuestos a difundir el Evangelio por todas partes. ¡Esto es lo que os pide el Señor, a esto os invita la Iglesia, esto es lo que el mundo -aun sin saberlo- espera de vosotros!"  (Mensaje de Benedicto XVI a los jóvenes del mundo con ocasión de la XXI Jornada Mundial de la Juventud, 9 de Abril de 2006, Domingo de Ramos, en Ecclesia n. 3.304.8 de Abril de 2006, p.26-27).

El Papa, en esta reunión con los jóvenes respondió a algunas preguntas que le hicieron los jóvenes. Elegimos una de ellas que es la que se refiere expresamente a cómo se debe hacer la lectura de la Palabra de Dios. Esta es la pregunta que hacía una joven (Boletín del Arzobispado de Burgos, Mayo de 2006, p.39-41):"

Santidad, soy Simona, de la Parroquia de San Bartolomé; tengo 21 años y estudio ingeniería química en la universidad «La Sapienza» de Roma. Ante todo, quiero darle las gracias por habernos dirigido el Mensaje para la XXI Jornada Mundial de la Juventud sobre el tema de la Palabra de Dios que ilumina los pasos de la vida del hombre. Ante las preocupaciones, las incertidumbres con respecto al futuro e incluso simplemente cuando afronto la rutina de la vida diaria, también yo siento la necesidad de alimentarme de la Palabra de Dios y conocer mejor a Cristo, a fin de encontrar respuestas a mis interrogantes. A menudo me pregunto qué haría Jesús si estuviera en mi lugar en una situación determinada, pero no siempre logro comprender lo que dice la Biblia. Además, sé que los libros de la Biblia fueron escritos por hombres diversos, en épocas diversas y todas muy lejos de mí. ¿Cómo puedo conocer que lo que leo es, en cualquier caso, Palabra de Dios que interpela mi vida? Muchas gracias."

La respuesta que dio el Papa fue ésta:

"Respondo subrayando por ahora un primer punto: ante todo se debe decir que es preciso leer la Sagrada Escritura no como un libro histórico cualquiera, por ejemplo como leemos a Hornero, a Ovidio o a Horacio. Hay que leerla realmente como Palabra de Dios, es decir, entablando una conversación con Dios. Al inicio hay que orar, hablar con el Señor: «Ábreme la puerta». Es lo que dice con frecuencia San Agustín en sus homilías: «He llamado a la puerta de la Palabra para encontrar finalmente lo que el Señor me quería decir». Esto me parece muy importante. La Escritura no se lee en un clima académico sino orando y diciendo al Señor: «Ayúdame a entender tu Palabra, lo que quieres decirme en esta página»".

Nosotros, en la oración que rezamos antes de hacer la lectura de la Palabra, llamamos realmente a la puerta de la Palabra y decimos al Señor: "Habla a mi alma con la fuerza de tu Palabra. Hazme comprender lo que en ella me quieres decir".

“Un segundo punto es éste: la Sagrada Escritura introduce en la comunión con la familia de Dios. Por tanto, la Sagrada Escritura no se puede leer de forma individual. Desde luego, siempre es importante leer la Biblia de un modo muy personal, en una conversación personal con Dios, pero al mismo tiempo es muy importante leerla en compañía de las personas con quienes se camina. Hay que dejarse ayudar por los grandes maestros de la «lectio divina». Por ejemplo, tenemos muchos libros buenos del Cardenal Martini, un auténtico maestro de la «lectio divina», que ayuda a penetrar en el sentido de la Sagrada Escritura. El, que conoce bien todas las circunstancias históricas, todos los elementos característicos del pasado, siempre trata de explicar que muchas palabras aparentemente del pasado son también muy actuales. Estos maestros nos ayudan a comprender mejor y también a aprender cómo se de leer la Sagrada Escritura. Por lo general, conviene leerla también en compañía de los amigos que están en camino conmigo y buscan, juntamente conmigo, cómo vivir con Cristo, qué vida nos viene de la Palabra de Dios."

"Un tercer punto: Si es importante leer la Sagrada Escritura con la ayuda de maestros, acompañados de los amigos, de los compañeros de camino, es importante de modo especial leerla en la gran compañía del pueblo de Dios peregrino, es decir, en la Iglesia. La Sagrada Escritura tiene dos sujetos. Ante todo, el sujeto divino: es Dios quien habla. Pero Dios ha querido implicar al hombre en su Palabra. Mientras que los musulmanes están convencidos de que el Corán fue inspirado oralmente por Dios, nosotros creemos que para la Sagrada Escritura es característica -como dicen los teólogos- la «sinergia», la colaboración de Dios con el hombre. Dios implica a su pueblo con su Palabra y así el segundo sujeto –como he dicho, el primer sujeto es Dios- es humano. Están los escritores, pero también está la continuidad del sujeto permanente: el pueblo de Dios que camina con la Palabra de Dios y está en diálogo con Dios. Escuchando a Dios se aprende a escuchar la Palabra de Dios y luego también a interpretarla. Así se hace presente la Palabra de Dios, porque las personas mueren, pero el sujeto vital, el pueblo de Dios, está siempre vivo y es idéntico a lo largo de los milenios: es siempre el mismo sujeto vivo, en el que vive la Palabra"

"Así se explican también muchas estructuras de la Sagrada Escritura, sobre todo la así llamada «relectura». Un texto antiguo es releído en otro libro, -pongamos- cien años después, y entonces se entiende plenamente lo que entonces no era perceptible en aquel momento anterior, aunque ya estaba contenido en el texto precedente. Y es releído otra vez algún tiempo después, y de nuevo se comprenden otros aspectos, otras dimensiones de la Palabra; y así, en esta permanente relectura y reescritura en el contexto de una continuidad profunda, mientras se sucedían los tiempos de la espera, fue desarrollándose la Sagrada Escritura. Por último, con la venida de Cristo y con la experiencia de los Apóstoles, la Palabra se hizo definitiva, de modo que ya no puede haber más reescrituras, pero siguen siendo necesarias nuevas profundizaciones de nuestra comprensión. El Señor dijo: «El Espíritu Santo os introducirá en una profundidad que ahora no podéis tener»."

“Así pues, la comunión de la Iglesia es el sujeto vivo de la Escritura. Pero también ahora el sujeto principal es el mismo Señor, el cual sigue hablando en la Escritura que está en nuestras manos. Creo que debemos aprender estos tres elementos: leerla en conversación personal con el Señor; leerla acompañados de maestros que tienen la experiencia de la fe, que han penetrado en el sentido de la Sagrada Escritura; leerla en la gran compañía de la Iglesia, en cuya liturgia estos acontecimientos se hacen siempre presentes de nuevo, en la que el Señor nos habla ahora a nosotros, de forma que poco a poco penetramos cada vez más en la Sagrada Escritura, en la que Dios habla realmente con nosotros hoy".

Nosotros hacemos esto mismo que dice el Papa. Leemos individualmente la Palabra de Dios, hablamos personalmente con Dios. La leemos en la reunión de grupo cuando cada uno expone el texto de más le ha gustado. Y la escuchamos en la Iglesia.

Eficacia de una hora de lectura de la Palabra de Dios.

En el libro que lleva por título El pensamiento de Benedicto XVI sobre la fe, la Iglesia y el mundo, se recoge esta afirmación del Papa:

"Un sola hora de atención sosegada a la Palabra de Dios sería muchas veces más eficaz que congresos enteros con reuniones y discusiones, y un rato de oración más fructífero que una montaña de documentos" .

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No podemos olvidar que el Papa ha puesto como lema a vivir los jóvenes en este año 2006, el texto bien conocido para nosotros del salmo 118: "Lámpara es tu Palabra para mis pasos, luz en mi sendero" (Sal 118, 105).

También os traigo aquí una frase de un autor de la antigüedad llamado Bemabé que nos hará bien a nosotros que en las reuniones de grupo nos comunicamos la Palabra de Dios:"Ama como a las niñas de tus ojos a todo el que te comunica la Palabra del Señor" (De la carta llamada de Bernabé (cap. 19, 1-3.5-7. 8-12; Funki, 53-57).

 

D. Feliciano Gil de las Heras