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La Palabra de Dios

 


Sólo la Palabra de Dios puede cambiar profundamente el corazón del hombre

Cuando Dios habla, pide siempre una respuesta; su acción salvadora requiere la cooperación humana; su amor espera ser correspondido.

Benedicto XVI. Homilía Apertura Sínodo sobre la palabra de Dios.

 

La Palabra tejado seguro bajo el que nos refugiamos en las tormentas

“La Palabra de Dios es para nosotros obispos la casa de la que salimos cada mañana para ir a encontrar el rebaño que nos ha sido confiado y la casa a la que volvemos cada noche”.

“La palabra es ese tejado seguro (aludía al momento de la ceremonia de la ordenación episcopal en que el Evangelio se mantiene sobre la cabeza de nuevo ordenando, que está arrodillado bajo el libro abierto) bajo el que nos refugiamos en las tormentas de la vida y es el lugar íntimo donde nuestras relaciones, recuerdos y sentimientos, así como nuestras ansiedades y preocupaciones pastorales se reúnen, permitiéndonos encontrar allí el refrigerio de Cristo para nuestra alma y la energía para afrontar los problemas y retos asociados con nuestro ministerio”.

 

Cardenal Giovanni Battista Re, Prefecto de la Congregación de los Obispos

     

Es necesario que llevemos los textos a nuestra vida para transformarla

En la vida de los santos, el encuentro con la Palabra de Dios mediante la lectura de la Sagrada Escritura cambió radicalmente su existencia.

Todos nosotros, nuestros sacerdotes y laicos, tenemos que intentar tener una profunda sed de Jesucristo, viviendo cada escena del Evangelio como si fuésemos uno de sus personajes. La Biblia requiere del interlocutor creyente una respuesta: la respuesta de la oración. Es oportuno que nuestros pastores, en el sacramento de la Confesión, recomienden a menudo a los fieles la lectura del Evangelio, enseñándoles a participar en lo que allí se narra, e invitando a los penitentes a que también ellos den este mismo consejo a sus colegas, familiares y amigos.

No basta con meditar sobre ideas o escenas que puedan despertar nuestra admiración por la verdad, la bondad o la belleza que reflejan; es necesario conseguir que todos nosotros, los cristianos, como los santos, intentemos llevar estos textos a nuestra vida personal de cada día, para trasformarla.

Las mujeres y los hombres necesitan con urgencia cada vez más no ya palabras efímeras y vanas, sino la Palabra de Dios, la única capaz de dar un sentido auténtico a la vida. Sería conveniente promover iniciativas encaminadas a difundir entre los fieles esta actitud de oración y recogimiento interior ante el Evangelio, a fin de que incida realmente en nuestra vida cotidiana.

Además, considero muy oportuno cuidar la lectura bien hecha, es decir, vivida realmente, de los textos de la Misa, no como una declamación, sino con la certeza de que Dios está hablando a quien lee y a su comunidad.

Mons. Javier Echevarría Rodríguez, Prelado de la Prelatura personal del Opus Dei