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Si. “Juventud por dos”, porque doblando la edad media de los jóvenes inscritos en la JMJ Madrid 2011 he participado en mi primera Jornada Mundial de la Juventud. Como otros miembros de Domus Mariae pude colaborar en los trabajos de preparación o desarrollo de la Jornada y también en los actos de celebración.

Pero vamos por partes.

Cuando empezó a ponerse en marcha en la Diócesis el “operativo” para organizar este gran acontecimiento evangelizador que se iba a celebrar en nuestra ciudad, Domus Mariae comprendió su magnitud e importancia y tuvo muy claro su deseo y voluntad de participar. Pero somos una asociación pequeña y entre nosotros, como nos diría S. Pablo, no hay ni muchos sabios, ni gente importante... Tampoco María, ni siquiera Jesús, socialmente hablando lo eran. Así que permanecimos abiertos y decidimos ofrecernos para lo que se pudiese. Poco a poco se fueron abriendo caminos.

Ni que decir tiene que en la Parroquia de S. Mateo la “gente” de Domus Mariae estaba fichada desde el principio. Mª Carmen, Esther, Maite, los jóvenes músicos, Miriam... También en S. Ricardo, Nieves, Pilar y Manolita, se implicaron hasta el fondo. Carmina allá en Colmenarejo...

Pero había quien no tenía posibilidades en su Parroquia y buscó sus propios caminos. A una secretaria, por ejemplo, ¿qué mejor sitio que una Secretaría? Pues la secretaria de Domus Mariae encontró su hueco en la Secretaría General de la JMJ, formando parte de la Comisión de Movimientos. Y si diriges un programa semanal de radio ¿qué mejor que servir en la radio? Pues allí, de reportera de Radio María en las catequesis de los Obispos, estuvo la Presidenta.

Lo que sí hay en Domus Mariae son buenas costureras, así que en cuanto saltó la iniciativa “Coser y Cantar”, para confeccionar el ajuar litúrgico necesario, se sumaron entusiasmadas Pilar Rodríguez, Manolita y el grupo que se reúne en casa de Mª Carmen Plazas: Tina, Conchita Ríos, Mª Jesús, Mª Cruz y Brigitte, dirigidas por Mª Carmen, como el gran equipo que son, se pusieron manos a la obra y así de las Casas de María salieron Corporales, Purificadores, un mantel y dos albas que se usaron en distintos actos y luego, como todo lo que se confeccionó para la ocasión, viajará a Misiones desde la Santa Sede.

¿Quién no vio de cerca o por televisión a “los músicos del Papa”? Pues allí estaban los jóvenes de las Casas de María: Iliana, cuya voz seguro que sigue sonando en los oídos del Papa, como suena en los nuestros y en los de tantos miles y miles de personas, María y  Ángel Luis.

No faltaron tampoco Casas de María que abrieron sus puertas a los peregrinos: ahí estaban, en el céntrico barrio de Argüelles, la de Pilar Rodríguez; en Colmenarejo al pie de la Sierra, la de Carmina García Valdés, y en la Ciudad de los Ángeles (¡vaya nombre bonito para un barrio!) la de Chelo Moreno.

Todo esto, dicho en unos cuantos renglones, supone muchas horas de entrega, de trabajo y de nervios, quizá de agotamiento... pero la causa era alta y Alto quien sostenía tan ingente empresa.

Y por fin llegaron los días en que una multitud de jóvenes invadía Madrid y se reunían en torno al Vicario de Cristo. Pero no eran sólo jóvenes quienes se movilizaron. En las calles, cuando el Papa pasaba, en los actos de las plazas y paseos que él presidió, allí estábamos muchos que hacía bastante tiempo dejamos atrás la edad de la juventud. Y algunos, sin haberlo soñado siquiera, tuvimos la oportunidad de “colarnos” en el Campamento de la Fe de Cuatro Vientos.

Eran las tres de la tarde y aquel 20 de agosto caía un sol de justicia sobre Madrid. ¿La ciudad muerta esperando que el crepúsculo aliviara la temperatura? ¡No! Y el Metro mucho menos. Los andenes a rebosar, hasta el punto de que se impedía de cuando en cuando el acceso a ellos. Los trenes abarrotados y multitud de jóvenes de todas las edades –como alguien dijo–, aunque los de verdad eran aplastante mayoría, apiñados intentando que pudiera entrar “otro más”. Al fin, salíamos de nuevo a la luz en medio de un río humano que se iba haciendo más “caudaloso” según nos acercábamos al destino. Pero no sólo en la calle había vida, los vecinos de aquellos contornos salían a sus ventanas y balcones proporcionando “chaparrones” que refrescaban a los peregrinos.

Al llegar al aeródromo una nube de polvo envolvía a los que iban entrando en el recinto y buscaban, con la ayuda de los voluntarios, la parcela que se les había asignado. Al fin encontramos la nuestra y allí “plantamos nuestra tienda”. Calor, espera e ilusión que desde el escenario trataban de amenizar. Y tiempo para ir abriendo los ojos al asombro ante aquella multitud, cuyo fin no alcanzábamos a ver, y el ir y venir de riadas de personas. Se acercaba la hora y por las pantallas se transmitió el acto del Papa en el Instituto San José, donde el testimonio de un joven sordo conmovió a todos y fue excelente preparación para lo que luego vendría.

Para entonces el polvo llegaba al cielo cada vez más plomizo y el agobio del calor crecía a pesar de que las mangueras de los bomberos intentaban calmarlo.

Al fin entraba el Papa en Cuatro Vientos y los jóvenes estallaron incontenibles arrastrándonos a todos. El acto se inició con nuestros corazones abiertos para acoger lo que el Señor quería darnos a través de su Vicario. Casi al mismo tiempo una amenazadora nube negra comenzó a advertir de su presencia con algunas gotas de agua y ráfagas de viento que pronto se convirtieron en seria tormenta. Pero más fuerte era la “nube” de jóvenes que llenaba el aeródromo y poniéndose en pie cantaba, saltaba y bailaba porque tenían en su corazón al Señor de Cielo y Tierra y allí, entre ellos, a su Vicario que, como buen pastor, no abandonó al rebaño cuando el aguacero y el vendaval arreciaban. En aquel momento no era necesario tener veinte años para cantar y saltar bajo la lluvia torrencial mientras desde el corazón elevábamos nuestra plegaria para que pasase la tempestad y pudiese reanudarse el acto. Y la tempestad pasó y se continuó el acto tras aquella “aventura” que vivimos junto con el Papa y el Papa con “sus” jóvenes. Y vino la calma y el absoluto silencio, más impresionante que la tormenta, ante el Señor presente en la Eucaristía. ¡Diez minutos de silencio absoluto! de cerca de dos millones de personas en su inmensa mayoría jóvenes. Silencio vivo de diálogo profundo, de intimidad con el Amigo. Y después de nuevo el júbilo, antes del “hasta luego” con el que se iniciaba una corta pero muy especial noche y, para los de la “juventud por dos”, un poco dura. Los otros, los “jóvenes de verdad” todavía tenían fuerza para charlar en corros y para cantar, como desde nuestra parcela se oía, hasta casi la aurora. Ni aún en la noche paró el ir y venir por los viales y no faltó quienes, en las capillas que resistieron la tormenta más o menos, permanecieran en orante vela.

Cuatro Vientos estaba lleno, pero aún había muchos que querían entrar. Los voluntarios instaban a recoger el campamento para que hubiera sitio y aún así faltó. La llegada del Papa de nuevo excitó el júbilo y en un ambiente de fiesta total se celebró la solemne Eucaristía que, como en todos los actos anteriores, los músicos del Papa embellecieron de forma sublime.

Después de casi veinticuatro horas, las muchas emociones y el escaso descanso hacían sentir sus efectos en el cuerpo, pero el balance inmediato y el que pasado un mes puedo hacer más reposadamente, es absolutamente positivo. Mi gratitud al Señor es total por haberme permitido vivir en primera línea una Jornada Mundial de la Juventud cuando duplico la edad juvenil. Y mi agradecimiento se extiende a Domus Mariae pues es muy probable que fuera de la Asociación esta vivencia no hubiera sido posible.

21/IX/2011. Hortensia Cosmen García