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Fiestas y celebraciones

 

Si hoy participamos en la Eucaristía, con un poquito de ceniza nos marcaran en la frente la señal de la cruz. Esto quiere decir que al empezar la cuaresma estamos dispuestos a reconocer nuestros pecados, arrepentirnos de ellos y cambiar de vida.

La ceniza es en la Biblia signo de conversión. La que se nos impone este día procede de haber quemado los ramos de olivo bendecidos el Domingo de Ramos del año anterior. Con este signo iniciamos la cuaresma

La cuaresma es tiempo de conversión, de intensificar nuestra oración acompañada de sacrificios que nos acerquen más a Dios, de ayudar más a los demás, para así prepararnos a celebrar la fiesta mas importante de los Cristianos: La Pascua, la Muerte y Resurrección de Jesús, por la que hemos sido liberados del pecado.

En el Evangelio del Miércoles de Ceniza Jesús nos enseña como debemos hacer nuestra oración y nuestros sacrificios, nuestra ayuda a todos.

 

El evangelio del miércoles de Ceniza

Mateo 6, 1-6.16-18

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:

—«Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»