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La Biblia

5.- NUEVO TESTAMENTO

5.1. El mundo del Nuevo Testamento

5.1.2. El mundo greco-romano

Aunque el mundo estaba dominado por los romanos, la cultura helenista y la lengua griega popular eran el ambiente de las ciudades en donde desde muy pronto fueron creándose comunidades cristianas fuera de Palestina. El helenismo había surgido de la cultura clásica influida por las civilizaciones y religiones orientales.

Durante la dominación romana las autoridades judías tenían muy limitadas sus atribuciones y en el pueblo existía un fermento creciente de rebelión contra Roma, cuyos gobernantes locales cometían errores y arbitrariedades que propiciaban el rechazo de las gentes.

5.1.2.1. Sociedad

Es una época de expansión y auge económico, con buenas comunicaciones tanto terrestres, con postas en las vías importantes, como marítimas, con faros, puertos y muelles. También tiene importancia el comercio fluvial y los artesanos.

La política se caracteriza por continuas luchas y asesinatos y no son raras las revueltas.

El estado y luego el emperador habían sido deificados y se les rendía culto religioso. El culto a los reyes, que se difundió con relativa rapidez en la cultura helenista, había sido tomado de las cortes orientales. El culto al emperador más que un acto religioso en sí mismo era un acto político que no excluía la existencia de otros dioses. Tenía como finalidad la cohesión política de los pueblos conquistados. Rehusar este homenaje religioso al Emperador y a Roma era faltar a un deber cívico fundamental, por eso para el estado el cristiano, que era un ciudadano ordinario pero profesaba una fe incompatible con cualquier otro culto, era un impío y un ateo.

Las diferencias entre pobres y ricos eran muy grandes. Se despreciaba el trabajo manual.

Elemento importante sobre cuya estabilidad reposaba en parte la estructura social del Imperio eran los esclavos, muy numerosos sobre todo en las grandes ciudades. No disfrutaban de ninguno de los derechos de los ciudadanos romanos. El esclavo es como una cosa. No podía poseer bienes propios y el hijo de una esclava pertenecía también al señor. Los esclavos en este mundo grecolatino lo eran por toda la vida, a menos que lograsen su manumisión, con lo que pasaban a la categoría de «libertos».

En las ciudades helenistas las mujer no carecía, sobre todo en las capas sociales altas, de cierta movilidad física y social y le era posible traspasar las fronteras de su estado social. Los moralistas y pensadores veían en la promoción de la mujer la causa de la degeneración social y los satíricos interpretaban que el auge del los cultos mistéricos y sincretistas se debía a la superstición de las mujeres, aunque lo cierto es que en ellos participaban también los hombres en elevado número y ostentaban en ellas un rango superior.

Estaba muy difundido el divorcio, el adulterio, la pederastia y la homosexualidad.

5.1.2.2. Cultura

Las escuelas filosóficas, ampliamente extendidas, tienen un papel fundamental. Los filósofos exponían sus doctrinas en el ágora de la ciudad.

En la época helenística, las grandes escuelas platónica y peripatética (de Aristóteles) habían decaído.

Las corrientes filosóficas florecientes en el siglo I eran los estoicos, los cínicos y los epicúreos. Su característica común era buscar la reforma del hombre desde una visión inmanente, no trascendente. Coinciden en una imagen ética del hombre, en una teología fundada en los principios de la razón y en su imagen del mundo.

Estoicos y cínicos postulan la unidad del hombre y el mundo. La imagen del mundo para los cínicos es un monismo de la materia (Concepción filosófica que trata de reducir los seres y fenómenos del universo a una idea o sustancia única, de la cual derivan y con la cual se identifican), no hay un dios trascendente cuya providencia intervenga en el mundo. Los epicúreos no admiten la inmortalidad y no creen en los dioses populares y su influencia en los hombres.

Para estoicos y cínicos, la moral consiste en la armonía del comportamiento humano con los principios que rigen la naturaleza.

Los filósofos no hacían demasiado caso de los viejos dioses de la mitología, pero sus teorías planteaban problemas contra ellos. Sostenían que una persona inteligente no puede creer en ellos. Aunque las especulaciones de los filósofos no llegan al pueblo, sin embargo lograron que las religiones antiguas fueran decayendo, creándose un vacío religioso que fue preciso llenar. Esto propicia el auge de las religiones mistéricas, más espirituales, que con frecuencia eran difundidas por los soldados que las conocieron en los países del oriente.

5.1.2.3. Religión

La religión tradicional greco-romana no se preocupa de la vida social y sólo prohíbe los actos contra el culto público.

La religión de los grandes dioses clásicos griegos asumidos por los romanos estaba en decadencia, aunque sus cultos continuaban vigentes y conservaban parte de su fastuosidad. Habían sufrido una fuerte influencia de los cultos orientales e incluido alguno de sus dioses.

Así surgieron y florecían cada vez con más fuerza las religiones mistéricas. Estas nuevas religiones ofrecían una salvación personal, daban culto a un dios salvador y se regían por los ciclos de la naturaleza que cada año muere y vuelve a renacer en primavera. Como la naturaleza, el hombre tiene que morir para renacer a una vida nueva y divina que pretendían alcanzar por medio de ritos secretos y complejas iniciaciones por las que intentaban alcanzar la vida nueva que el dios les proporcionaría. Los iniciados de estas religiones debían imitar con sus actitudes y por medio de símbolos las acciones del dios en que pretendían transformarse, pero la ley del silencio que obligaba a sus miembros, hace que sean poco conocidas sus prácticas, entre las que había ritos de iniciación y comidas sacramentales. Estaban envueltas en misterios y secretos que no se podían revelar y que el iniciado (mister), que se incorporaba por un cierto modo de bautismo, iba conociendo gradualmente. Un modo gradual de ir conociendo las verdades de fe y una cierta ley del arcano también se daba en los primeros tiempos del cristianismo.

En las religiones mistéricas las gentes buscaban la felicidad que estas religiones ofrecían frente a las miserias y dificultades de la vida ordinaria.

Las religiones helenistas no tenían ley ni libros sagrados. Sí tenían sacrificios, procesiones con cantos, sacerdotes que sólo se ocupaban del culto en sí.

El culto oficial pertenecía a la ciudad y tenía como fin impetrar de los dioses la prosperidad de la ciudad. No existía un día de descanso semanal, pero sí son numerosas las fiestas a lo largo del año que se celebraban con procesiones, sacrificios, festejos populares y juegos atléticos.

Los lugares y símbolos sagrados se multiplicaban, levantándose por todas partes altares y erigiéndose estatuas de los distintos dioses. El acto más importante de su culto era la ofrenda, generalmente de los productos de la tierra, y el sacrificio de animales, en los que ciertas partes del animal se quemaban en el altar y otras eran reservadas para los sacerdotes que las ponían en venta; otras eran consumidas en una comida festiva en el recinto del mismo templo o en las casas.

El mundo helenista gustaba de las prácticas mágicas y supersticiosas. Tenían una concepción determinista de la vida del hombre y buscaba en los oráculos, la interpretación de los sueños, la astrología y las señales más diversas conocer voluntad de los dioses. La creencia en este poder de los dioses para determinar la suerte de los hombres evolucionó en la concepción de una fuerza misteriosa del destino, que se llegó a personificar consagrándose santuarios a esa realidad inquietante.

También tenía notable influencia en la sociedad grecorromana el gnosticismo que pretendía ser un camino para llegar al conocimiento y la visión de Dios. Consideraba que su doctrina, sus ritos y sus prácticas tenían carácter revelado y habían sido transmitidos y preservados a través de una misteriosa tradición. Se presentaba como un infalible medio de salvación, actuando mediante fórmulas y ritos mágicos pero sólo era accesible a la minoría selecta de los iniciados.