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La Eucaristía

ESQUEMA EXPLICADO DE LA EUCARISTÍA

 LA EUCARISTÍA CELEBRACIÓN DE LA COMUNIDAD

La Eucaristía es la celebración gozosa por la comunidad cristiana, del misterio de la Pascua, es decir, de la muerte y resurrección de Jesucristo. Cada domingo, cuando asistimos a la Eucaristía, hacemos lo que, desde el comienzo de la Iglesia, han hecho los cristianos: reunirseel día primero de la semana  para celebrar y actualizar la resurrección de Cristo, su paso de la muerte a la vida. Su triunfo del mal por el cual nosotros también hemos triunfado: hemos sido liberados y hemos renacido a una vida nueva, la vida en Cristo por la fe.

Se trata, pues, de una celebración gozosa por la comunidad cristiana, del misterio de la Pascua en el mismo día en que se produjo la resurrección de Jesucristo y, por ello, no puede ser sustituida, dicha celebración, por la participación en la Eucaristía cualquier otro día de la semana. Recordemos lo que dice el Concilio Vaticano II al respecto: "La Iglesia, por una tradición apostólica que se remonta al mismo día en que resucitó Jesús, celebra el misterio pascual cada ocho días, el domingo o Día del Señor". (SC 106).

Si viviéramos estas verdades en toda su profundidad sentiríamos la necesidad de acudir con vestido y talante de fiesta  cada vez que nos reunimos para celebrar la Eucaristía el Día del Señor e iríamos conscientes de que formamos y actuamos como comunidad que celebra su fe y que toma las fuerzas para llevar a la vida aquello en lo que cree y celebra.

UNA LARGA HISTORIA

El primer aspecto que debemos tomar en consideración es que la LITURGIA DE LA EUCARISTÍA se desarrolla conforme a una estructura fundamental que se ha conservado a través de los siglos hasta nosotros.

No se trata, pues, de algo arbitrario que se puede cambiar, sino de algo que los cristianos hemos guardado celosamente desde tiempos de los apóstoles.

Esta estructura comprende dos grandes momentos que forman una unidad básica:

  • La LITURGIA DE LA PALABRA, con las lecturas, la homilía y la oración universal.
  • La LITURGIA EUCARÍSTICA, con la presentación del pan y del vino, la acción de gracias consacratoria, es decir, la consagración, y la Comunión

El sacerdote, en la persona de Cristo, preside nuestra Asamblea y todos tenemos parte activa en esta celebración.

DESARROLLO DE LA CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

RITOS INICIALES

Los ritos iniciales tienen la finalidad de introducimos en la celebración litúrgica. Hacen que nos sintamos en situación de asamblea reunida en torno a Cristo y crean el clima propio del Tiempo Litúrgico o Fiesta que se celebra.

Estos ritos son: el CANTO DE ENTRADA, el SALUDO, el ACTO PENITENCIAL, el GLORIA y la ORACIÓN llamada Colecta.

Durante estos ritos, permanecemos en pie, reflejando así nuestra actitud de respeto y de disponibilidad.

EL CANTO DE ENTRADA

Crea ambiente de Asamblea Litúrgica y da el tono religioso de la celebración.

Al llegar al ALTAR, el sacerdote lo besa porque es signo de Jesucristo, presente en medio de la comunidad.

El sacerdote y la asamblea hacen la SEÑAL DE LA CRUZ.

SALUDO

A continuación el sacerdote, por medio del saludo pone de manifiesto la presencia del señor.

Con este saludo y la respuesta del pueblo queda de manifiesto el misterio de la iglesia congregada. No somos individuos aislados que podamos estar a nuestros rezos particulares, sino que formamos una Asamblea presidida por el sacerdote y nos unimos a la Iglesia Universal para elevar nuestra acción de gracias al Padre por medio de Jesucristo y participar en su sacrificio.

ACTO PENITENCIAL

Dentro de los ritos iniciales y una vez que nos sentimos formando parte de esa asamblea de creyentes congregados por Jesucristo, tras el Canto de Entrada y el Saludo del Sacerdote, realizamos el acto penitencial que es un momento de silencio para reconocernos pecadores en la presencia acogedora y salvadora de Dios. No se debe confundir con un examen de conciencia.

Concluye con la petición de perdón por los pecados cotidianos, de los que nadie está libre.

EL GLORIA

Sintiéndonos miembros de la asamblea de creyentes congregados por Cristo y una vez purificados por el acto penitencial, prorrumpimos en un himno de alabanza, el Gloria, himno alegre y festivo pensado para ser cantado.

Cuando no se canta hay que evitar que la recitación sea precipitada o cansina, pues pierde su sentido de alabanza alegre.

ORACIÓN COLECTA

Los Ritos Iniciales se concluyen con una oración que recibe este nombre de "colecta" porque es la primera oración que realiza la asamblea reunida ("Collecta" en latín).

Tras la invitación "oremos" hay un breve silencio para que todos podamos ponemos en situación atenta de plegaria, plegaria que es de toda la Iglesia hecha presente en nuestra Comunidad. Por ello, en esos momentos de silencio, también debemos de abrir nuestro corazón y nuestro espíritu a esa dimensión universal saliendo de los límites de nuestros problemas particulares y estando muy atentos  a lo que, en ella, se pide.

La oración concluye con el AMEN suplicante y confiado de toda la asamblea.

LITURGIA DE LA PALABRA

Tras los ritos iniciales que nos han preparado y constituido como asamblea que celebra gozosamente su fe, comienza propiamente la Liturgia de la Palabra.

La proclamación de la Palabra de Dios es el momento central de esta parte de la Eucaristía. Tiene su origen en la Liturgia Sinagogal: los judíos el día de fiesta, el sábado, se reunían en la Sinagoga y leían y comentaban la Escritura. Jesús, como buen judío que era, también lo hacía (Lc 4,16ss). Los cristianos, desde el principio, cuando se reunían para celebrar la Resurrección, escuchaban la Palabra de Dios (Hch 2, 42).

La Liturgia de la Palabra, por su naturaleza y por su estructura ritual, es un diálogo o conversación entre Dios que nos habla y nosotros, su pueblo, que escuchamos, respondemos y aceptamos esa palabra.

Además, no solo leemos la Palabra de Dios, sino que la celebramos porque sabemos que esa Palabra nos salva.

La LITURGIA de la PALABRA comprende: Las LECTURAS, la HOMILÍA, la PROFESIÓN DE Fe y la ORACIÓN UNIVERSAL

LECTURAS

La Primera Lectura se toma del Antiguo Testamento y en algunos tiempos litúrgicos del Nuevo Testamento. Los domingos guarda relación con el Evangelio.

El Salmo ResponsorIal es respuesta del pueblo ante la Palabra de Dios proclamada. Esta respuesta está tomada de la Escritura misma, generalmente del libro de los Salmos. En el salmo responsorial, se recogen los sentimientos de alabanza, de acción de gracias, de petición que sugiere la Primera Lectura.

La Segunda Lectura, que sólo se hace los Domingos y las Solemnidades, se toma del Nuevo Testamento y es una lectura continuada, por tanto independerte de la primera y del Evangelio.

El Evangelio tiene un relieve especial, subrayado por una serie de signos que destacan el carácter de Palabra de Jesucristo que se dirige a la Asamblea.

Por ese carácter de Palabra de Jesucristo, se escucha con toda la Asamblea puesta en pie. Asimismo, es leído por el Sacerdote celebrante, o un diácono; se inicia con un saludo que no se efectúa en las otras lecturas; se hace la señal de la cruz y, al final, se dice 'Palabra del Señor' invitándose a la aclamación del Pueblo 'Gloria a Ti, Señor Jesús'. Y se besa el Leccionario.

HOMILÍA

La pronuncia el sacerdote inmediatamente después de la proclamación de la Palabra de Dios y no es un sermón, ni una catequesis, ni una plática moralizadora, sino, como lo señala su etimología, una "Conversación familiar" cuya finalidad es aplicar (más que explicar) el mensaje de Dios a un pueblo creyente concreto e introducir a este pueblo en la celebración (actualización) de ese misterio de salvación que se ha anunciado.

En síntesis la Homilía tiene como misión fundamental resaltar la actualidad del mensaje transmitido por las lecturas. "Esto nos ha dicho el Señor", seria su resumen.

CREDO

Respuesta lógica a la Lectura de la palabra de Dios y a la Homilía es la profesión de fe o el "Credo", como solemos llamarle, no es una oración sino una fórmula breve que contiene la síntesis de nuestra fe, es la profesión de fe de la Iglesia, es signo de identidad cristiana.

El "Credo", dentro del diálogo Dios-Hombre que se entabla en la liturgia de la Palabra, es la respuesta a la Palabra de Dios escuchada, es reafirmación de nuestra fe bautismal y afirmación de nuestro propósito de llevarla a la práctica, por eso se recita de pie.

ORACIÓN DE LOS FIELES

Después de escuchar la Palabra de Dios, la Asamblea de fieles se dispone a celebrar la Eucaristía. Pero antes, como Pueblo de Dios reunido, mira hacia el mundo y ora por él: es la oración de los fieles, que es oración universal. Como Jesucristo, mediador entre Dios y los hombres, el pueblo de Dios reunido continúa esta obra mediadora presentando ante Dios el mundo y sus necesidades.

LA LITURGIA EUCARÍSTICA

Es la parte esencial de la Eucaristía pues en ella celebramos el misterio de la Muerte y Resurrección de Jesucristo.

La Liturgia Eucarística consta de tres partes: la PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS, la PLEGARIA EUCARÍSTICA (acción de gracias consacratoria) y la COMUNIÓN.

PRESENTACIÓN DE LAS OFRENDAS

La Liturgia Eucarística comienza con la presentación de las ofrendas. Es el momento en que se prepara todo aquello que después se usará en la Plegaria Eucarística.

Se inicia con la colecta, que es un gesto de corresponsabilidad eclesial y de comunicación de bienes. Tiene un profundo sentido evangélico y no puede convertirse en un simple echar unas monedas sin valor.

A continuación viene la presentación del pan y el vino. Al presentarlos bendecimos a Dios por sus dones y muy en concreto por el pan y el vino que son símbolo de todos los dones que Él nos devuelve hechos Pan y Bebida de salvación. Junto al pan y al vino, ofrecemos nuestras vidas, nuestro compromiso de vivir aquello que hemos escuchado en la Liturgia de la Palabra, nuestro compromiso de unimos a Cristo y de vivir en solidaridad como hermanos.

El rito del lavabo, tras la presentación del pan y el vino, tiene finalidad simbólica. Por este rito el sacerdote expresa el deseo de estar totalmente purificado antes de comenzar su gran intervención sacerdotal en la Plegaria Eucarística.

Finalmente, a la invitación de "Orad hermanos..." nos ponemos en pie para la oración sobre las ofrendas, que es la oración presidencial que cierra toda esta parte y da paso a la Plegaria Eucarística.

PLEGARIA EUCARÍSTICA

La Plegaria Eucarística, es una plegaria de acción de gracias y de consagración. Es el centro y culmen de toda la celebración.

La pronuncia el sacerdote, como signo visible de Cristo. La Asamblea participa en la Plegaria escuchándola, identificándose con ella, haciéndola suya. Por ello, no debe recitarse al unísono con el sacerdote, sino escucharla atentamente en silencio, permaneciendo en pie excepto en el momento de la consagración por la que se repite sacramentalmente el Sacrificio de Jesús en la cruz. En ella, siguiendo el mandato de Jesús, el Sacerdote dice las mismas palabras que Jesús en la última Cena y mediante ellas, por la acción del Espíritu Santo, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesús.

Existen varias PLEGARIAS EUCARÍSTICAS, pero todas tienen la misma estructura básica:

Comienza con un prólogo o "Prefacio", que se inicia con un diálogo entre el Sacerdote y la Asamblea. El prefacio expone nuestros motivos para dar gracias a Dios, que acaban centrándose en la obra de Jesucristo. Termina uniéndonos a la alabanza de los ángeles al Señor, mediante el canto del "SANTO".

A continuación se invoca la venida del Espíritu Santo sobre el pan y el vino, para que su acción poderosa los transforme en el CUERPO y SANGRE DE CRISTO. Como signo de ello, el sacerdote extiende las manos sobre las ofrendas, mientras la asamblea se arrodilla para expresar nuestra adoración a Jesucristo, Dios verdadero, que se hace presente.

El centro de la Plegaria es el relato de la última cena: lo que Cristo encomendó a sus discípulos que repitieran para "anunciar su muerte hasta que vuelva". No es un simple recuerdo de algo que pasó. Es una presencia viva y actual de Cristo que renueva su ofrecimiento amoroso al Padre por nosotros, aquí y ahora.

A continuación tiene lugar la ofrenda al Padre del único sacrificio que le agrada y que nos salva: el de su Hijo Jesús, entregado a la muerte por nosotros, y resucitado para siempre.

Seguidamente, puesto que la salvación definitiva aún está en camino, hay una nueva súplica al Espíritu Santo, esta vez para que descienda sobre el Cuerpo místico de Cristo, su Iglesia, dándole la unidad. Se ora a continuación por la Iglesia peregrinante (la de la Tierra), por los difuntos, por los presentes, por el mundo entero, para tener parte en la gloria del cielo con la Virgen, los apóstoles y los santos.

La Plegaria Eucarística concluye con una solemne alabanza y glorificación a la Trinidad. Nuestro AMEN a la aclamación del sacerdote: "Por Cristo... al Padre... en la unidad del Espíritu... todo honor y gloria..." expresa nuestra sintonía con todo lo que ha dicho el sacerdote, porque lo ha dicho en nombre de la Iglesia, no sólo los que estamos en el templo constituidos en Asamblea sino de toda la Iglesia. Nuestro AMEN final lleno de fuerza expresa con toda claridad como, desde el corazón, nos hemos unido a toda la Plegaria.

LA COMUNIÓN

Es el tercer momento de la Liturgia Eucarística. Una vez que ha tenido lugar la presentación de ofrendas y la Plegaria Eucarística viene la comunión: El Banquete Eucarístico.

Tres ritos preparan y realizan nuestra participación en la Cena Pascual: El PADRE NUESTRO, el GESTO DE LA PAZ Y la FRACCIÓN DEL PAN. Estos ritos culminan en la COMUNIÓN.

El Padre Nuestro: Es la oración del Señor, del Hijo, y nosotros, como hijos, oramos con ella. Al pedir el "pan de cada día" aludimos también a la Eucaristía; al suplicar que "perdone nuestras ofensas" reconocemos nuestra debilidad y con la afirmación de que "perdonamos a los que nos ofenden" confesamos la actitud de fraternidad y reconciliación.

El Padre Nuestro es, pues, el don que se nos ofrece de dirigimos al Padre para presentarle nuestras necesidades. Ha de ser recitado de forma consciente, sin prisa.

El Gesto de la Paz no es sólo un gesto simpático, ni tampoco expresa nuestra reconciliación individual, sino que expresa la reconciliación de toda la Iglesia, y debe llevar consigo el compromiso de trabajar por la paz y la unidad. Ha de ser un gesto sobrio, que, por ser simbólico, se realiza solamente con los que están al lado.

La Fracción Del Pan. El sentido de este gesto, que a veces pasa desapercibido, es que del único Pan que es Cristo, se alimenta toda la Asamblea; recordamos a San Pablo cuando afirma: "Los que comemos de un mismo Pan, formamos un solo cuerpo" (I Cor 10,17).

Es signo de amor y caridad, porque es el mismo Cristo el que se parte y entrega a la muerte por nosotros. Durante la fracción, se canta o recita el CORDERO DE DIOS.

Por la Comunión nos incorporamos a Cristo y a la Iglesia. Este es el objetivo final de la celebración. El Señor es el verdadero Pan de Vida, y sin Él no podemos hacer nada. Por la Comunión se realiza el designio de Dios, que es "reunir el universo bajo una sola cabeza, Cristo" (Ef 1, 10).

Para que este momento pueda ser vivido con toda expresividad, la procesión de comunión debe ser digna: sin el afán de ser los primeros, sin empujones y sin prisas. Cuando termina de comulgar el sacerdote podemos empezar a acercamos de forma ordenada, conscientes de que vamos a recibir el Cuerpo de Cristo, con el corazón lleno de alegría y amor a Jesús.

El sacerdote nos muestra la sagrada forma diciendo: "El Cuerpo de Cristo", a lo que cada uno debe responder, de forma clara y fuerte: AMEN, sabiendo que es el acto de fe por el que lo reconocemos y veneramos así. Si se ha comulgado en la mano, se aparta uno un poco a un lado, sumiendo la comunión delante del sacerdote.

Tras la comunión se tiene un rato, bien de silencio, bien de canto agradecido al Señor.

RITO DE DESPEDIDA

La Celebración concluye con el rito de despedida. El rito de despedida, a la vez que conclusión de la Eucaristía, es también la despedida de un encuentro fraterno.

Son elementos de este rito: la Oración que ayuda a conectar lo celebrado con la vida, el saludo del sacerdote, su bendición llena de esperanza y ánimos, el envío al mundo con la paz de Cristo y la aclamación final: "demos gracias a Dios".

Bibliografía

La Celebración de la Misa. Secretariado Nacional de Liturgia 1986

En el Día del Señor. V. Serrano. 1985

Dies Domini. Juan Pablo II. 1998