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La Oración

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Carlos de Foucauld

[Nuestro Señor] Me habéis pedido más de una vez como es necesario orar, hijos mío, y Yo os lo he hecho ver… La oración es la conversación con Dios, es la llamada de vuestro corazón a Dios. Es necesario, pues, que ella sea una cosa absolutamente natural, absolutamente verdadera, la expresión de lo más hondo de vuestro corazón… No son los labios los que deben hablar, no es vuestra mente, es vuestra voluntad… Vuestra voluntad, extendiéndose, manifestándose en toda su bondad, su desnudez, sinceridad, sencillez, a su Padre y presentada por vosotros mismos delante de Él, he aquí lo que es la oración; esto no pide frecuentemente ni mucho tiempo ni muchas palabras y pensamientos; esto varía: unas veces será un poco más larga, otras mas corta… Según los deseos de vuestro corazón…; si ellos son sendillos, una palabra bastará para expresarlos; si son más complicados, os serán necesarias algunas frases para expresarlos… de todas formas, es el estado de vuestro corazón el que expresáis…; el estado del corazón, con sus imperfecciones, sus desordenadas ataduras, no es el estado de vuestro corazón rectificado por vuestra voluntad, el estado del corazón, tal como queréis que sea, suprimiendo todo lo que no admitís, lo que os repugna; la oración es, pues, la petición de lo que queréis de lo que deseáis con la ayuda de la gracia, de lo que queréis para Dios.

Orad así, velad todo lo que Yo quiero, solo lo que quiero, como lo quiero y en la medida en que lo quiero: «¡Padre mío, que se haga vuestra Voluntad!» Esta es la oración que haréis eternamente en el Cielo...

Todo lo que desea Dios, y, por consiguiente, todo lo que deseáis, lo que quiere Dios y lo que queréis, encuentra comprendido en estas palabras: «Padre mío, que se haga vuestra Voluntad...»

La oración es la conversación del alma con Dios, es el estado del alma, que mira a Dios sin una palabra, únicamente ocupada en contemplarla, diciéndole que ella le ama, por sus miradas, todo y teniendo mudos los labios y el pensamiento… La mejor oración es aquella en la que hay más amor, Es tanto mejor cuanto más cargadas de amor están las miradas del alma, cuanto más tiernamente y amorosamente se siente el alma delante de Dios. La oración, en la acepción más amplia de la palabra, puede ser o una contemplación muda o una contemplación acompañada de palabras… Palabras de adoración, de amor, de ofrenda de sí mismo, de donación de todo su ser; palabras de acción de gracias, de la felicidad de Dios, de los favores hechos a uno mismo y a las otras criaturas… Palabras de sentimiento, de reparación de los pecados propios o de los demás… palabras de petición...

Hijos míos: en la oración lo que Yo quiero de vosotros es el amor, el amor, el amor.

Además del tiempo que debéis consagrar cada día únicamente a la oración, debéis durante el resto de vuestras jornadas elevar lo más frecuentemente que os sea posible vuestra alma hacia mí; según el género de vuestras ocupaciones, podéis, entregándoos a ellas, o bien pensar constantemente en mí, como ocurre el algunos trabajos puramente manuales, y en el caso de que no podáis levantar los ojos hacia mí de cuando en cuando, que esto sea lo menos a menudo posible. Sería bien dulce y justo poderme contemplar si cesar... No perderme de vista nunca; pero esto no es posible en este mundo a los hombres ordinarios; no lo podréis hacer más que en el Cielo. Lo que podéis y debéis hacer es duran el tiempo que empleáis en otras ocupaciones que no sea la oración levantar los ojos del alma hacia mí, tan a menudo y amorosamente cono podáis, y aun trabajando, guardar mi pensamiento en vuestra mente, cuanto os sea posible, según vuestro género de trabajo… De esta manera oraréis sin cesar, continuamente, tanto como esto es posible a vosotros, pobres mortales.

Orar es sobre todo pensar en mí, amándome… Cuanto más se me ama, más se ora. La oración es la atención amorosa del ama fijada en mí: Cuanto la atención es más amorosa, mejor es la oración.

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