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El Papa Francisco nos dice...

 

Encuentro con los obispos de Madagascar. 7 de septiembre de 2019. 

También los laicos son enviados a la mies, son convocados a tomar parte en la pesca, a arriesgar sus redes y su tiempo en «su múltiple apostolado tanto en la Iglesia como en el mundo» (Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, 9). Con toda su extensión, problemática y transformación, el mundo constituye el ámbito específico de apostolado donde están llamados a comprometerse con generosidad y responsabilidad, llevando el fermento del Evangelio. Por eso deseo dar la bienvenida a todas las iniciativas que en cuanto pastores tomen para la formación de los laicos —gracias por esto— y no dejarlos solos en la misión de ser sal de la tierra y luz del mundo, para contribuir a una transformación de la sociedad y la Iglesia en Madagascar. Y por favor: no clericalizar a los laicos. Los laicos son laicos. Yo he sentido, en mi precedente diócesis, propuestas como esta: “Señor obispo, yo en la parroquia tengo un laico maravilloso: trabaja, organiza todo… ¿lo hacemos diácono?”. Déjalo allí, no le arruines la vida, déjalo laico. Y, a propósito de los diáconos: los diáconos tantas veces sufren la tentación del clericalismo, se sienten presbíteros u obispos fallidos…

No. El diácono es el custodio del servicio en la Iglesia. Por favor, no tengáis los diáconos en el altar: que hagan el trabajo fuera, en el servicio. Si deben ir en misión a bautizar, que bauticen: está bien. Pero en el servicio, no hacer sacerdotes fallidos.