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Como decía de D. Feliciano

   

En la vida de María resplandece de modo especial su misericordia

En la Anunciación, María acepta ser la Madre del Mesías, del Salvador de la humanidad. María es consciente de la necesidad que tiene la humanidad del Mesías y siente esta misericordia para con todos los hombres. Y acepta ser la madre del Mesías, con entrañas de misericordia.

En la Visitación, María ejercitó la misericordia con su prima Santa Isabel. Y esto en cuanto supo que su prima la necesitaba. Y en el himno del Magníficat, María recuerda dos veces la misericordia divina, sin duda viviendo ella la misericordia.

Cuando los pastores refieren lo que les han dicho los ángeles sobre el nacimiento del Mesías, María “guardaba todos estos recuerdos y los medita en su corazón” (Lc 2,19). Estos recuerdos eran la misericordia de Dios con los hombres, la misericordia que Ella misma sentía ya como madre de todos los hombres.

Cuando el anciano Simeón, tomando en sus brazos al Niño Jesús, le proclamó el “Salvador”, que sería “como la luz para iluminar a todas las naciones y gloria de Israel”, el evangelista dice que “Su padre y su madre estaban admirados de las cosas que se decían de Él” (Lc 2,33) José y María se admiraban de la misericordia que Dios había tenido con los hombres. Y María estaba viviendo esta misericordia. María estaba ya identificada con Aquel que ya habitaba en ella.

Cuando Jesús se queda en el Templo sin que sus padres lo advirtieran, los tres días de angustia de María hasta encontrarlo, fueron tres días de vivir plenamente la misericordia para con Jesús y para con todos los hombres a quienes venía Jesús a salvar. Se habían dejado perder al Salvador de los hombres.

En las bodas de Caná, cuando María descubre que falta el vino y acude a Jesús y éste, al parecer, no va a realizar el milagro, y María dice a los que estaban sirviendo: “Haced lo que Él os diga” (Jn 2,5), María aparece aquí como una madre misericordiosa que está al cuidado de todo cuanto acontece a los hijos.

Cuando Jesús en la Cruz se acuerda de pedir perdón para todos los hombres, pues le pidió hasta para aquellos que le habían crucificado, la misericordia de Dios llegaba al punto más alto ante la consideración de los hombres. María tenía que identificarse con su Hijo y no podía menos de vivir aquella misericordia.

María lleva misericordia a donde va.

Cuando María fue a ayudar a su prima fue por una necesidad muy concreta: porque esperaba un hijo. Hoy en la sociedad en que vivimos se presentan casos frecuentes de mujeres que esperan un niño y necesitan ayuda para que esa criatura pueda venir al mundo y no sea enviada a la muerte antes de nacer. Aquí tenemos un campo, ayudar para que estas madres den a su hijo la vida y no la muerte.

Cuando María, en las bodas de Caná, socorrió la necesidad en que se encontraban aquellos jóvenes esposos. Hoy los esposos jóvenes tienen otra necesidad que es ya el cáncer de la sociedad actual. Me refiero a los esposos en crisis matrimonial. Ayudar a los esposos en estas difíciles situaciones entraría en nuestra espiritualidad y carisma, como María iríamos en ayuda de las necesidades de los esposos jóvenes.

María en su vida ayudó al sacerdote por antonomasia, a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Que nosotros, miembros de Domus Mariae, elijamos como otro campo de nuestro apostolado, el ayudar a los sacerdotes, sobre todo a aquellos que en su soledad necesitan tantas veces una ayuda que no encuentran.

María nuestro modelo de misericordia.

Nuestros ojos han de ser misericordiosos como los de María. Para ello nuestro corazón tiene que ser misericordiosos. Nuestras casas de María han de distinguirse por la misericordia que en ellas se vive. Hemos de estar siempre dispuestos a socorrer a los demás como María, tener esa disponibilidad para practicar la misericordia, porque por medio de las personas que la practican Jesús se acerca y consuela a los que sufren. Darnos a Jesús es la mayor obra de Misericordia que practicó la Virgen María.

En Domus Mariae queremos vivir la Misericordia que vivió María. La Iglesia proclama a María “Reina y Madre de Misericordia con toda razón. En la misma “Salve” nos dirigimos a Ella diciendo: “Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos”.

Los miembros de Domus Mariae queremos ser “testigos” de esa misericordia. Por eso, en nuestras reuniones de grupo nos comunicamos las necesidades que tenemos o las que conocemos en otras personas y tratamos de ayudar según nuestras posibilidades. Por eso también, aquellos miembros de Domus Mariae, que puede, dedican una tarde a la semana a ayudar en el Cottolengo o en otros centros semejantes. En Domus Mariae queremos vivir aquellas palabras de Jesús: “Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso” (Lc 6,36). “Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia” (Mt 5,7). “Misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9,13). “Lo que hicisteis con uno de estos conmigo lo hicisteis” (Mt 25,40).

Claro que obras de misericordia hay muchas. El catecismo que estudiamos de pequeños nos hablaba de catorce obras de misericordia: siete espirituales y siete corporales. El nuevo Catecismo las menciona, sobre todo aquellas que hoy tienen más vigencia: enseñar al que no sabe; dar buen consejo al que lo necesita; corregir al que está equivocado; perdonar las injurias; consolar al triste; sufrir con paciencia las flaquezas y adversidades del prójimo. Estas son las espirituales. En las corporales: visitar enfermos; dar de comer al hambriento; visitar a los presos…

En Domus Mariae hemos de ser misericordiosos, hemos de practicar la misericordia. Y esto de modo organizado para ser más eficaces, en los campos en los que podemos tener más medios a nuestro alcance

Nuestra reunión de grupo tiene su inspiración en el hecho de la Visitación de María a su prima Santa Isabel. Como María acudió a ayudar a Isabel, así nosotros acudimos a la reunión de grupo a ayudarnos. Y esta ayuda es espiritual y corporal. Como espiritual y corporal fue la ayuda de María a Isabel. La ayuda fue mutua en lo espiritual y así las dos se comunicaron las maravillas que había hecho con ellas el Señor. Así también nosotros nos comunicamos en la reunión de grupo las maravillas que ha hecho no nosotros el vivir la Palabra de Dios durante la semana. La Virgen fue también a ayudar en lo material. Isabel era una anciana que esperaba un hijo. Necesitaba una ayuda. María llevaba su juventud para ello. En nuestras reuniones de grupo nos ayudamos también en lo corporal. Nos comunicamos las necesidades que tenemos y que conocemos y nos ayudamos según nuestras posibilidades. El vivir la Palabra de Dios nos impulsa a ayudarnos y ayudar a cuantos nos necesitan.