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Fiestas y celebraciones

Hoy la Iglesia celebra una jornada muy importante: el Domingo Mundial de las Misiones. Es decir, el día en que de manera especial nos paramos para pensar, orar y ofrecer nuestro sacrificio y nuestra ayuda económica para que el Evangelio llegue a todos los rincones de la Tierra, a los pueblos y a las personas que nunca han oído hablar de Jesús. Porque sabemos que nosotros tenemos un gran don, un regalo incomparable, una riqueza mayor que cualquier otra, que es conocer a Jesús y ser amigos suyos, saber, porque Él nos lo ha enseñado, quién es verdaderamente Dios, queremos compartirlo con todos.

Los grandes protagonistas de este día son los misioneros, es decir los hombres y mujeres, sacerdotes, consagrados, laicos, y también familias enteras, que van a lugares lejanos y especialmente pobres para llevarles la Buena Noticia de que Dios nos ama tanto que nos ha dado a su Hijo, para que entregando su vida por todos nos salve del pecado y de la muerte. Nuestra oración, sacrificio y limosna tiene la finalidad de ayudar a todos ellos en su labor.

Pero también en nuestro mundo, entre la gente con quien tratamos todos los días hay muchos que no conocen a Jesús, que apenas saben algo de Él o que habiéndole conocido se olvidaron o decidieron que no querían saber nada de Él. Para ellos somos nosotros los misioneros, los que con nuestra vida y nuestra palabra debemos anunciarles a Jesús, darles lo mejor que tenemos, nuestra fe en Jesús, aunque a veces nos cueste trabajo y nos acarree incomprensiones. Él que a todos nos dijo: “Id al mundo entero y anunciad el Evangelio a toda criatura” (Mc 16,15), está a nuestro lado para ayudarnos “todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).

Jesús nos dice a todos sus discípulos: "Id al mundo entero y proclamad el Evangelio" (Mc 16,15).

Para cumplir el encargo de Jesús no hay que esperar a ser mayor. Todos podemos y debemos anunciar el Evangelio, con nuestra forma de vivir, con nuestra palabra, con nuestras actitudes: pareciéndonos a Jesús y contando lo que de Él sabemos.

Si hacemos esto estaremos trabajando en la "obra" de Jesús, que es construir el mundo como Dios siempre ha querido que sea: un mundo donde reine el amor.

Si además ofrecemos nuestra oración, nuestros pequeños sacrificios y algo del dinero que tenemos por los niños del mundo que todavía no conocen a Jesús y por los misioneros que les llevan el Evangelio y los medios para una vida digna de su categoría de hijos de Dios, llegaremos, como Jesús nos pide, al mundo entero.