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Fiestas y celebraciones

 

Mayo una florExiste desde hace mucho tiempo en la Iglesia una bonita costumbre que es dedicar el mes de mayo, el mes de las flores, a honrar a la Virgen María. Según los lugares y las épocas existen diversas maneras de hacerlo pero todas tienen el mismo fin: reconocer y agradecer a María todo lo que ha hecho por nosotros. Cuando Dios , por medio del ángel le propuso ser la madre de Jesús y Ella dijo que sí, lo hizo por amor a Dios, porque lo que más quería en la vida era hacer lo que Dios deseaba, complacerle, hacer su voluntad. Pero también lo hizo por amor a nosotros, a todos los hombres. Ella estaba dispuesta a prestar su colaboración para que Dios pudiera llevar a cabo su plan salvador.

Luego cada día fue aceptando todo lo que esa decisión suponía: Los momentos buenos, cuando disfrutara de su Hijo viéndolo crecer y gozando de su cariño, pero también los malos, hasta verle morir en la cruz.

Después, cuando Jesús, cumplida su misión en la Tierra, volvió al Padre, Ella permaneció con los discípulos acompañando los primeros pasos de la Iglesia. Ahora, desde el Cielo, sigue velando por nosotros, cuidando de sus hijos que generación tras generación seguimos los pasos de Jesús.

Mayo día a día

Para que todos los días puedas escoger una bonita flor que ofrecer a la Virgen te damos un breve texto del Nuevo Testamento para cada día, que te ayudará a conocerla mejor y a imitar sus virtudes. ¡PARECERTE A ELLA ES LA MEJOR FLOR QUE PUEDES OFRECERLE!

 

Los evangelios nos dicen que María estaba desposada con un hombre llamado José. Y añaden que era juesto. También nos cuentan los evangelios que era carpintero. Tan poquito nos cuentan y no recogen ninguna de sus palabras, pero por sus hechos sabemos que era un hombre que se fiaba de Dios y a Él confiaba sus problemas, que cuando sabe cual es la voluntad de Dios para él no duda en llevarla a cabo sin miedo a las dificultades. Defiende a su familia cuando es amenazada también siguiendo la voz de Dios. Y enseña el oficio a su hijo, lo que hace suponer que le eseñó muchas cosas más, entre ellas, como buen padre a vivir conforme a la religión y las tradiciones de su pueblo. Cumplidor de la Ley pues circuncida al Niño a los ocho días y lo presenta en el Tempo como mandaba la Ley. En resumen un hombre bueno, de fe fuerte, que vive unido a Dios, cumple con su deber. Un hombre humilde y valiente que sabe cual es su papel. Su sí a Dios y su colaboración al plan salvador de Dios no están lejos del sí y de la entrega de María, su Esposa.

 

Mateo 1, 16. 18-21. 24aSagrada familia

Jacob engendró a José, el esposo de Maria, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a Maria, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.» Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

 

Isabel y Zacarías, matrimonio que vivía una vida agradable a Dios, no tenían hijos, porque Isabel era estéril. Un día, mientras ofrecía el Sacrificio en el Tempo Zacarías, que era sacerdote, tuvo una visión en que se le anunciaba que, a pesar de la edad avanzada de ambos, su mujer iba a concebir un hijo. Por haber dudado de la veracidad de aquel anuncio quedó mudo. Cuando nace el niño afirma que su nombre ha de ser Juan, el dado por Dios conforme al mensaje del ángel, pues había sido elegido para una gran misión: ser el precursor del Mesías, el que anunciase que el tiempo se había cumplido y ya estaba en medio de los hombres.

 

Lucas 1, 57-66. 80

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor le había hecho una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo:

—«¡No! Se va a llamar Juan.»

Le replicaron:

—«Ninguno de tus parientes se llama así.»

Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.»

Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente se le soltó la boca y la lengua, y empezó a hablar bendiciendo a Dios. Los vecinos quedaron sobrecogidos, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo:

—«¿Qué va a ser este niño?»

Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel. 

En este día celebramos la fiesta de estos dos grandes apóstoles: San Pedro, a quien Jesús le hizo jefe de su Iglesia, como roca que aportara la firmeza del testimonio de quienes convivieron con Él durante su vida terrena; San Pablo, artífice de la expansión de la Iglesia en el mundo grecorromano. Los dos de corazón ardiente, abiertos a la gracia y la fuerza del Espíritu Santo, y llenos de gratitud y amor por Jesús, el Maestro y el Señor, a quien entregaron su vida con generosidad.

En este día toda la Iglesia reza en especial por el sucesor de San Pedro: el Papa, que tiene la misión de velar por la firmeza y la integridad de la fe, cuidar como buen pastor del Pueblo de Dios y llevar a todo el mundo incansable, como Pablo, el anuncio del Evangelio, la Buena Noticia de que Jesús ha muerto y resucitado para mostrarnos el inmenso amor de Dios a todos los hombres y hacer posible que vivamos como hermanos y todos gocemos con Él un día en el Cielo.

Segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo 4, 6-8. 17-18

Querido hermano:

Yo estoy a punto de ser sacrificado, y el momento de mi partida es inminente. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida, con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida.

El Señor me ayudó y me dio fuerzas para anunciar íntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles. Él me libró de la boca del león. El Señor seguirá librándome de todo mal, me salvará y me llevará a su reino del cielo. A él la gloria por los siglos de los siglos. Amén. 

Mateo 16, 13-19

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos:

-«¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?».

Ellos contestaron:

-«Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas».

Él les preguntó:

-«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».

Simón Pedro tomó la palabra y dijo:

-«Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo».

Jesús le respondió:

-«¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará.

Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo».