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La Biblia

4.- Antiguo Testamento

4.1.- Trasfondo histórico

 

Israel no es un pueblo aislado, cerrado en sí mismo y ajeno a toda influencia exterior. Es un pueblo que ha llegado tarde a la Historia y a la Cultura, cuando otros pueblos, por ejemplo, Egipto, Mesopotamia e incluso Canaán, de la misma área geográfica llevan siglos de cultura y han dejado huella de la misma en la tierra en que logra asentarse el pueblo hebreo; convive con otros pueblos, a algunos de los cuales está unido por vínculos de raza, y mantiene intercambios de toda clase con los demás pueblos y culturas de la misma área geográfica. Ello genera influencias mutuas en los distintos campos de la vida y de la cultura.

Esas influencias tienen una razón aún mas fuerte y es que hunden sus raíces en un mismo pasado legendario y mítico.
Por todo ello debemos estudiar la Biblia también como cualquier otro libro de aquella época y zona geográfica, aplicando los mismos medios y técnicas. Para lo cual es imprescindible conocer las condiciones sociales e históricas, así como el ambiente cultural, político, económico y religioso del pueblo protagonista de la Biblia. Todo esto se ha hecho más fácil gracias a los hallazgos arqueológicos de antiguas civilizaciones del Oriente Medio y a los documentos e incluso bibliotecas enteras que contienen una literatura de gran semejanza con los libros bíblicos. Todo ello nos ayuda a conocer el ambiente semita en que nace la Biblia.

4.1.1. Cultural

Los semitas no conocen la abstracción y sus imágenes son concretas. Sobre una idea primitiva acumulan notas, matices y vivencias para darle mayor relieve y color.

Su visión de la historia es distinta de la actual. Utiliza las fuentes de la forma que le conviene, las yuxtapone y las reinterpreta desde la visión de la nueva situación histórica.

Su concepción del mundo y del cosmos es la común a todos los pueblos semitas y a esa concepción responden relatos como la creación o el diluvio, que tienen paralelos en los poemas sumerios mucho más antiguos.

4.1.2. Moral

La moral es regla fundamental para comprender a un pueblo y la de Israel hay que situarla también en esa mentalidad semita. Así, por ejemplo, la Ley de talión (Ex 21,24; Lv 24,20.20, etc.), que prohíbe que la venganza sea mayor que el mal recibido, responde, aunque supera, a las costumbres y leyes de la época en que la venganza de sangre podía llevar al exterminio de familias enteras.

Otros hechos que chocan con nuestra mentalidad y sobre todo con nuestra concepción cristiana de Dios, son asimismo propios de la cultura y mentalidad de la época. Por ejemplo, la ley de “heren”, que exigía la aniquilación total del pueblo conquistado, la poligamia, los sacrificios humanos, crímenes y mentiras, etc., constantes, por otra parte en el comportamiento humano, incluso en nuestro tiempo, que no se caracteriza precisamente por verse libre de crímenes de toda clase, genocidios, abusos y aberraciones sexuales, mentiras e infidelidades, etc.

4.1.3. Religioso

El Israel bíblico no sólo recibió influencias culturales de los pueblos vecinos, sino también religiosas. No afirmamos que Israel copie sino que debe contarse con el fondo religioso de los pueblos vecinos (Canaán, Egipto, Mesopotamia) para captar las imágenes que nos brinda la Biblia y su sentido, como ejemplos típicos pueden aducirse los relatos de la Creación (Gn 2) o del Diluvio (Gn 6) de la Biblia y los paralelos de los poemas babilónicos (Enuma, Elish y Guilgamés)

  • Parece ser que los clanes primitivos seminómadas fueron politeístas (Jos 24), como lo eran todos los pueblos del entorno, y en sus orígenes comparten el viejo fondo pagano de las religiones semitas.
  • De ese patrimonio común participan imágenes y relatos que encontramos en la Biblia, así como ritos que van cambiando su sentido originario, por ejemplo, la Pascua, que en principio está unida a las costumbres de los pastores nómadas pasa a ser la fiesta de la libertad relacionada con la salida de Egipto y la constitución de Israel como pueblo.

Israel, como los demás pueblos del Oriente Medio, tiene su propio Dios que le protege frente a los demás pueblos y hace alianza con él: Yahveh. (En las versiones de uso corriente en lugar de Yahveh leemos “Señor”, que traduce la palabra Adonay que en la versión griega de la Biblia sustituye el nombre sagrado de Yahveh).

Sin embargo la religión de Israel tiene rasgos propios que la diferencian notablemente del resto de las religiones de su área geográfica. Los más significativos y determinantes para su proceso de evolución del concepto de Dios, a lo que contribuye de manera decisiva la influencia de los profetas, son la prohibición de representar a su Dios: Yahveh no es un Dios abarcable por el hombre, como se lo hace ver a Moisés (Ex 3,13-14) y defiende siempre la tradición yahvista. Y no tener más que un Dios, frente al politeísmo de todos los pueblos circundantes. La fe yavista lucha continuamente contra la tendencia a imitar las costumbres politeístas cananeas y de los otros pueblos del entorno, así como por mantener la pureza del culto condenando practicas habituales de las otras religiones.